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domingo, 21 de agosto de 2016

¡Un caso de Zombie real!



Muchos lectores quizás han escuchado de alguna manera ésta leyenda urbana, bien sea por la red o en películas de temática de muertos vivientes donde hacen cierto guiño a la historia, pero lo cierto es que se trata de algo muy real que sucedió y se mantuvo en secreto por el Gobierno de los Estados Unidos, algo típico en ellos cuando se trata de algún error cometido o en temas de alienígenas. Tomando en homenaje las palabras introductorias de una gran película de culto de Zombies dónde nombran con detalle lo sucedido, comienzo ésta entrada indicando que todos los sucesos en este texto son reales. Los nombres perteneces a personas y organizaciones verdaderas. 















Lo poco que se sabe y se ha filtrado en red es que el 4 de Julio de 1966, en Pittsburgh, Pensilvania, fue transportado por el ejército de los EEUU varios contenedores sellados de un químico experimental llamado Trioxin-245 que habían sido creados por la ya actualmente desaparecida  empresa química Darrow (Darrow Chemical Company), el cual sería destinado a los cultivos de estupefacientes de las zonas cercanas, a un hospital militar de excombatientes. Su mal manejo al momento de organizarlos trajo como consecuencia una fuga y posterior derrame que se introdujo por las ventilas de aire de los pisos y llego hasta la morgue. Una vez allí y a las pocas horas, los cuerpos que se encontraban guardados se empezaron a mover como si estuvieran vivos, incluso hay rumores que afirman que algunos se levantaron y golpearon las puertas, acompañados de aterradores gemidos y gritos de ultratumba.

Esa noche, miembros del ejército en la zona ingreso a la institución de salud para acabar con la amenaza, ya que no solo se trataba de esos "muertos vivientes" sino que además se reportaron pacientes muy enfermos por la fuga química que murieron a las pocas horas, y luego despertaron como Zombies.




En la madrugada y después de seguir un protocolo de saneamiento, empaque de material de residuos contaminados, cierre total del hospital y quema de pruebas; el ejército llevó los pocos contenedores sellados a Louisville, Kentucky, al establecimiento principal de los suministros médicos Uneeda (Uneeda Medical Supply) en donde su director y dueño llamado Burt Wilson acepto la entrega del coronel Horacio Glover. La orden inicial fue mandarlos a las empresas químicas Darrow pero éstos declinaron para no manchar su nombre por un error del ejército. El ejército desesperado lo escondió en ése lugar mientras buscaban el modo de destruir o deshacerse de los contenedores, pero el tiempo transcurrió y el secreto se mantuvo.

Se dice que aún en la actualidad los siete contenedores restantes se mantienen allí, resguardados y polvorientos con una placa de información que dicta “Propiedad del Ejercito de los EEUU. En caso de emergencia llamar al (800) 454-8000”.  

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